Son muchos quienes encuentran contenido el bien del hombre en la felicidad, y no son menos quienes estudian la exposición que hace al respecto el Estagirita, en especial en la Ética Nicomáquea. Desde John Lloyd Ackrill a Amélie Oksenberg Rorty, pasando por Sarah Broadie y John M. Cooper, son un sinfín los autores que se aproximan a la teoría aristotélica, que arranca de una concepción teleológica del obrar humano en la cual se reflexiona acerca de cuál puede ser la mejor forma de vida, la más humana pero la más admirable, aquella que posea el bien mayor.
Sobre la felicidad existen una plétora de consideraciones, algunas, ya veremos, de las más dispares. El Estagirita no la encuentra en aquellos bienes concretos que se juzgan necesarios, según las diferentes opiniones, para ser felices, sino en una realidad por la cual el hombre se distingue del resto de los seres vivos: la razón. Es decir, lo propio y lo que le corresponde al ser humano, por su estatuto ontológico, es la vida racional, la virtud – dianoética y moral –, que permite armar la existencia con unidad y sentido. Ya que lo propio del sujeto humano es la vida racional la actividad más sublime será la contemplación de la verdad y de las cosas bellas y divinas. Leer el resto de esta entrada »



